PARLAMENTARISMOS DE LIBRETO

Hoy es más cierto que nunca aquello de que el periodista está muy lejos del cronista. Y si lo vemos detenidamente, Herodoto, Tucídides, Polibio, Flavio Josefo, eran cronistas, no muy distantes de llamarse periodistas – porque en primer término eran sujetos observadores –;  pero además (algo no menos importante) tenían un criterio desarrollado, sólido y depurado con los años para establecer observaciones objetivas, o al menos sustanciales respecto de los temas objeto de sus relatos…arrancando por darles a los hechos y a las cosas su nombre propio, así se tratara de asuntos complejos: Todo tiene su propio nombre.

 

Hoy encontramos (y es esto lo que me motivó a poner en marcha ésta serie discontinua pero colectiva de comentarios) que, “en aras de la idea” (o como dirían los simbolistas postmodernos de la filosofía, en razón de la “vaguedad” propia de cada concepto), las cosas parecidas son iguales; y entonces el círculo es un polígono de n lados, la música se recita, y otras arbitrariedades varias que debemos suponer correctas por que así lo hacen también los dueños de las pantallas y de los micrófonos (hablo tanto de sus usuarios como de sus propietarios); esos que en un foro al aire libre Eduardo Galeano refirió cuando dijo: “nos mean, y ellos publican: ‘llueve’”…Pero eso sí: Al final todos tenemos que entender lo que nos están contando, especialmente cuando eso no sea cierto. 

Para ésta oportunidad ponemos en escena una saudade poco disimulada por los periodistas contemporáneos de radio y televisión: La nostalgia parlamentaria. Cualquier colectivo político institucional, sin importar el régimen ni el sistema socioeconómico que se tenga, es “parlamentario”: de modo que hay “parlamentarios” en la Unión Europea, en Bélgica, en Alemania, en el Reino Unido…pero también en Francia, en los Estados Unidos, en los países latinoamericanos, y hasta en los mismos concejos municipales…no hay diferencia entre el agua de rosas y el enjuague bucal, ni entre los pañales y las toallas higiénicas…para un periodista “actual” todo es equivalente, es “la misma idea”. No importa que un parlamento (como el británico ó como el europeo) gobierne, en una asamblea (como la francesa) se aprueben leyes y se legisle y en un congreso (como el estadounidense o cualquiera de los latinoamericanos) además de legislar, se controle al gobierno; no…todo es lo mismo; “convirtiendo” de este modo cualquiera de los cuerpos colegiados del Estado son colectivos de notables gobernantes; y así, y con la misma línea de exposición política, cada país,  – cualquier país – contaría con su venerable y simbólico monarca, a pesar que “por accidente” lo llamen presidente…

 

No pasaría esta bronca de una simple pataleta semántica, si no fuera por lo que, consciente o inconscientemente persigue en forma larvada: Gracias a este trastrocamiento de conceptos políticos, todos esos idiotas (unos) y cínicos (los otros) (pero todos útiles) de los medios contemporáneos, se viene infiltrando entre el público una mentalidad masiva de servidumbre; y entonces, todo aquello que en esas colegiaturas políticas se discute (particularmente en aquellas en las que hay congresos y asambleas) no nos importa, ya que es muy complejo para comprenderlo (así que con la televisión, la prensa y la radio, que nos cuenten “todo” lo que allí ocurre, y que de otra forma “no podríamos saber”, no podemos tener más que gratitud); y “por lo tanto”, deberíamos asumir muy especialmente que nuestro subdesarrollo cultural, político, económico, etc., se debe a que no aceptamos para nosotros esas formas “civilizadas” de “democracia” tan propias de otros lados, en donde los parlamentarios (los de verdad) toman el té a las cinco, mientras conservan ese orden tan ejemplar, con castas y pedigríes perfectamente organizados e identificados…no como por aquí, donde podríamos reclamarle a un congresista su compromiso con los votantes, aunque no lo sepamos, dado que nadie nos lo ha dicho…

 

…Pues además, no debemos olvidar que, tal y como nos lo han insinuado las películas y nos recuerda la farándula política, a un parlamentario no se le exige: Sìmplemente se le contempla…

 © Carlos Espinosa Pulido, 2008

 

 

 

 

 

 

 

 


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