Si aceptamos que llegamos al final de la sociedad mercachifle y sus veleidades y fracasos categóricos, entonces tenemos varias alternativas: Proteger el statu quo (si es que hacemos parte de él; saliendo a presionar voluntades, aplastar compatriotas y extranjeros y erradicar personas), darme la gran bohemia (si tengo con qué, y puedo garantizármela por un buen tiempo), o proponer desde ya otra cosa (y generar un consenso alrededor de esto).
Es un buen momento para arrancar con lo último, considero. No me parece que se deba esperar a que se agudice la situación (como en efecto, sucederá), para ver cómo se sugieren soluciones desesperadas, o peor: Se introducen remedios espurios propios de los enemigos de siempre…y terminemos todos en disputas, golpes y guerras que faciliten a los mismos que organizaron éste acabose la imposibilidad de un nuevo futuro, más honroso, igualitario y digno para los que nos encontramos en este planeta.
Con éste preámbulo, salgo a proponer unos postulados básicos de lo que pudiera ser una auténtica nueva economía (no como ese embeleco de Internet que elaboraron a finales del siglo pasado para estimular mentes calenturientas y arruinar incautos, como en efecto sucedió)…una ventaja es que hay elementos de ésta economía que ya se han probado anteriormente y han funcionado, sea que nos estemos refiriendo al comienzo de la llamada edad moderna de la historia del mundo, o al proyecto original de constitución de los Estados Unidos (que, dicho sea de paso, no debe su origen al “libre comercio”, como dicen los embaucadores de los libros de historia). Propongo que los principios o lineamientos que describo a continuación no se lean en primera instancia como órdenes o puntos de un estatuto obligatorio a imponer, sino cómo posiciones previsivas que pueden o debieran darse (o formularse), considerando su eficiencia histórica y ante la inminente crisis presente.