Desde una mesa repleta, cualquiera decide aplaudir
La caravana en harapos de todos los pobres…
Silvio Rodríguez, “Canción en Harapos”
El nombre cambia de acuerdo al lugar: “rebusque”, “chambear”, “inventar”, “rebuscarse”….pero el concepto es el mismo. En éstos países de nuestro continente cultural se ha vuelto una parte más del folclor esa de andar “alcanzado”, “vaciado”, “en los rines”, y tener que salir a improvisar una venta, un negocio, un servicio, para poder solventarse diariamente; aunque (y esto es también importante decirlo), es más usual que quienes se “rebuscan”, lo hacen para sostener una familia propia, como quien dice: Lo hacen más por los suyos que por ellos. Esto sí es verdaderamente heroico.
Pero no como lo quieren mostrar los autócratas de siempre, los mismos dueños del balón, en coro con una serie de afortunados con plata que uno encuentra por ahí (sí, sujetos que se volvieron ricos por un golpe de suerte – y no estoy hablando de lotería o casino alguno –, y que existen, yo conozco un par de esos…), ciertos profesionales de la gerencia con el cerebro lavado por años y algunas venerables viejitas de buena fe que todo lo miran cándidamente a la distancia del tiempo y al calor de la pensión: Para ellos es una tarea pendiente el levantamiento del monumento al rebuscador…y es tan reiterado el cínico y larvado elogio (tan larvado como un áscaris o el virus del paludismo), que yo francamente no entiendo por qué en cada una de las grandes capitales de nuestra Latinoamérica no existe en realidad un monumento al “chambeador”, “héroe” malquerido de nuestra economía mercachifle del “orden espontáneo (para tomar el término que le dio el “maestro” Mandeville)”…cada que hay una crisis económica de esas que suceden con frecuencia casi permanente en éstas latitudes, sale alguno de aquellos áulicos que mencioné antes a decir que nuestros pueblos son “valerosos”, “pujantes”, y que ante la falta de oportunidades salen…a cocinar empanadas, a vender perros calientes (o a pasear los otros), a elaborar jugos y “aguas”, a ofrecer pomadas curativas sin garantía, a vender discos piratas, a ofrecerse como sobanderos sin experiencia, a realizar cirugías ambulatorias “de bajo riesgo”…y así, para no dejarse morir de hambre frente a un orden de cosas en el que cada persona solo atina a preocuparse por sí misma (especialmente si está cuidando un trabajo) y donde el Estado, tanto a nivel nacional como regional y local, olvidó cuál era su papel frente al desarrollo social y al económico, por lo que termina concesionándolo al eficaz sector privado…mientras aplaude también la leyenda del rebuscador, a sabiendas que es la evidencia con la cual cubre – paradójicamente – su incompetencia.