EL ICONOPLASTA

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Para que después no digan que en este blog no se hace más que criticar…eso sí se lamenta que no sean las propuestas más oídas o vistas…solamente tratan de ser las más acertadas.

CRÉDITO, BIENES Y NECESIDADES: El Concepto de Economía

Publicado por eliconoplasta en marzo 30, 2010

Nota del Posteador / Traductor: Prosiguen las entregas que por éste blog estamos haciendo del resultado de un esfuerzo llevado a cabo hace un año, en Febrero de 2009: Cuando, por un “buscado golpe de suerte”, en sus investigaciones web descubrimos (o debiera decir “descubrí”) un texto sobre un modelo alterno de economía que fue llevado a cabo en Canadá hace algún tiempo, y cuyas bases fueron practicadas en las épocas más prósperas del naciente proyecto nacional de los Estados Unidos. Tal texto, cuyo idioma original es el francés, fue titulado Sous le Signe de L´Abundance, entrando en circulación en Mayo de 1946 (teniendo luego, en 1996 una versión en inglés llamada The Age of Plenty); y sin contar con una versión en español, tan necesaria para las épocas que vivimos en nuestros países.

Por eso hace más de un año EL ICONOPLASTA realizó una traducción libre del inglés al español de la primera parte, que es la sección tratadística del libro (la segunda parte comprende un conjunto de ensayos de ampliación, que, de acuerdo con la demanda de éstas entregas, también podrá traducirse), agrupándola bajo el título Crédito Social, Bienes y Necesidades. Dentro de esta primera parte del libro total, su autor, Louis Even, describe cómo debe ser un circuito económico sano, y cómo puede fomentarse éste, basado a su vez en las ideas del ingeniero escocés Clifford Hugh Douglas sobre el crédito financiero social (CFS).

Y continuamos. Este es el segundo capítulo:

 

Capítulo 2 – Economía

 

Cuando uno habla sobre economía, uno tiene una tendencia a pensar en rentas, en ahorros. Nos suelen decir: “Ahorre su dinero, ahorre su fuerza”. Nos aconsejan claramente: “Ahorre, no gaste”.  

No obstante, nosotros también nos enfrentamos con la reflexión: “¡Esta economía no es barata!”. De esta forma, a menos que nos supeditemos a las sutilezas del diccionario, las personas ya le conceden un sentido más amplio a la palabra economía.  

¿Por ejemplo, no están las muchachas pequeñas de cuarto año de primaria listas a estudiar economía doméstica? Ir de la economía doméstica a la economía política no es más que una cuestión de extensión.  

La palabra economía se deriva de dos raíces griegas: Oikia, la casa; nomos, la regla.  

La economía trata por consiguiente sobre la regulación buena de una casa, de orden en el uso de los bienes de la casa.  

Nosotros podemos definir la economía doméstica como la buena dirección de los asuntos domésticos, y economía política como la buena dirección en los asuntos de la casa comunal grande, la Nación.  

¿Pero por qué la “buena dirección”? ¿Cuándo la dirección de los asuntos de la casa pequeña o grande, la familia o la Nación, puede llamarse “buena”? Puede llamarse así cuando alcanza su fin.  

Una cosa es buena cuando logra los resultados para los cuales fue instituida.

El fin de la economía

El hombre se compromete en diversas actividades y sigue fines diferentes, en órdenes y dominios diferentes.   

Están las actividades humanas morales que involucran su progreso hacia su fin último, por ejemplo.  

Las actividades culturales influyen en el desarrollo de su intelecto, su ornamentación, y la formación de su carácter.  

Participando en el bienestar general de sociedad, el hombre se compromete en las actividades sociales.  

Las actividades económicas tratan de la riqueza temporal. En sus actividades económicas, el hombre busca la satisfacción de sus necesidades temporales.  

La meta, el fin de las actividades económicas, es por consiguiente el uso de los bienes terrenales para satisfacer las necesidades temporales de hombre. Y la economía alcanza su fin cuando los bienes terrenales sirven a las necesidades humanas. 

Las necesidades temporales del hombre son aquéllas que lo acompañan de la cuna a la tumba. Hay algunas que son esenciales, otras que no son vitales.  

El hambre, la sed, el mal tiempo, el cansancio, la enfermedad, la ignorancia, crean para el hombre la necesidad de comer, beber, vestirse, buscar vivienda, calentarse, refrescarse, descansar, cuidar de su salud, y educarse.  

Éstas son todas las necesidades humanas.  

La comida, la bebida, la ropa, el refugio, la madera, el carbón, el agua, la cama, los remedios, los maestros escolares, los libros de enseñanza, son todos factores que deben estar presentes para suplir estas necesidades.

Unir bienes con necesidades: Este es el objetivo, el fin de la vida económica.

Si hace esto, la vida económica alcanza su fin. Si no hace esto, o lo hace mal o incompletamente, la vida económica falla en el logro de su fin, o lo está logrando imperfectamente.  

El objetivo es unir bienes con necesidades, no simplemente dejarlos cerca.

En las estrictos términos, uno podría decir por consiguiente que la economía es buena, que alcanza su fin, cuando se autorregula suficientemente bien para obtener comida para satisfacer el estómago hambriento, la ropa para cubrir el cuerpo, los zapatos para cubrir los pies desnudos, el fuego para calentar la casa en invierno, las condiciones para que el enfermo reciba la visita del doctor, y para el encuentro entre maestros y estudiantes.  

Éste es el dominio de la economía. Es un dominio muy temporal. La economía tiene un fin propio: Satisfacer las necesidades humanas. El hecho de comer cuando uno tiene hambre no es el fin último del hombre, no; es sólo un medio para apuntar bien hacia su fin último.  

Pero si la economía es sólo un medio para llegar al fin último, si es sólo un fin intermedio en el orden general, este es no obstante un fin distintivo para la economía misma.  

Y cuando la economía alcanza este fin distintivo, cuando permite encontrar bienes con necesidades, es perfecta. Permítanos no preguntar más sobre esto. Pero déjennos preguntar esto sobre aquello. La meta de economía es lograr este fin perfecto.

Moral y economía

Permítanos no preguntar sobre la economía en busca de un fin moral, ni de moralidad en busca de un fin económico. Esto sería tan desordenado como el esfuerzo por ir de Montreal a Vancouver en el transatlántico transoceánico, o de Nueva York a Le Havre, Francia, por el ferrocarril.  

Un hombre hambriento no aplacará su hambre recitando su Rosario, pero sí comiendo comida. En esto se encuentra el orden. Es el Creador que lo quiso de esta manera, y Él sólo cambia ello, partiendo del orden establecido, a través de un milagro. Sólo Él tiene el derecho para romper este orden. Para saciar el hambre del hombre, es por consiguiente la economía quien debe intervenir, no la moralidad.  

Y así mismo, un hombre que tiene una conciencia de su pecado no puede purificarlo comiendo una buena comida, o consumiendo libaciones copiosas. Lo que él necesita es un confesionario.  

Es el campo de la religión el que interviene; se trata de una actividad moral, no una actividad económica.  

No hay ninguna duda que la moralidad debe acompañar todas las acciones de hombre, incluso en el campo de la economía. Pero la moralidad no reemplaza la economía. Guía en la opción de objetivos, y supervisa la legitimidad de los medios, pero no conduce lo que la economía debe conducir. 

Así que, cuando la economía no alcanza su fin, cuando las cosas se quedan en las tiendas o no se producen, y las necesidades continúan estando presentes en las casas, permítanos buscar la causa en el orden económico.  

Permítanos culpar a aquéllos que desorganizan el claro orden económico, o a aquéllos que, teniendo la misión para gobernarlo, lo dejan en la anarquía. No cumpliendo sus deberes, ellos son ciertamente responsables moralmente, y esto se clasifica bajo una sanción ética.  

En efecto, si ambas cosas son verdaderamente distintas, pasa no obstante que los dos preocupan al mismo hombre, y que si uno se inmola, otro padece. El hombre tiene el deber moral para asegurarse que el orden económico, el orden temporal social, alcance sus propios fines.  

También, aunque sólo la economía es responsable de la satisfacción de las necesidades temporales de hombre, la importancia de buenas prácticas económicas hace tiempo se ha venido enfatizando por aquéllos encargados de las almas, ya que normalmente se requiere un mínimo de bienes temporales para animar la práctica de la virtud.  

El Papa Benedicto XV escribió: “es en el campo económico que la salvación de las almas está en juego”.  

Y Pío XI:  

Puede decirse con toda verdad que hoy día las condiciones de vida social y económica son tales que las inmensas multitudes de hombres sólo pueden con gran dificultad, prestar atención sobre la única cosa necesaria, a saber: Su salvación eterna. (Encíclica Quadragesimo Anno, el 15 de mayo de 1931)”  

Existe un orden por todas partes: El orden en la jerarquía de los fines, el orden en la subordinación de los medios.  

Es el mismo Papa el que dice en la misma encíclica:  

“Éste es el orden perfecto que la Iglesia predica, con intensa seriedad, y que demanda de la recta razón: El que establece a Dios como el primero y supremo fin de toda actividad creada,  y recuerda que todo lo creado es mera instrumentación divina que sebe ser usada únicamente para ayudar en la obtención del supremo fin”. 

E inmediatamente después, el Santo Padre agrega:  

“Ninguna actividad remunerada que pueda imaginarse puede ser considerada subvalorable o menos consonante con la dignidad humana. Al contrario, nosotros fuimos enseñados a reconocer y reverenciar en ellos el testamento manifiesto de Dios Creador, que puso al hombre en la tierra a trabajar y a usarla de varias maneras para proporcionarle sus necesidades.”  

El hombre es puesto en la tierra por su Creador, y es de la tierra que él tiene el deber de arrebatar la satisfacción de sus necesidades naturales. Él no tiene el derecho de acortar su vida sustrayendo los bienes que el Creador ha puesto en la tierra para él.  

Construir la tierra, los bienes terrenales, proveer todas las necesidades temporales de la humanidad es exactamente el fin apropiado de las actividades económicas del hombre: Adaptar los bienes a sus necesidades.

Rasgos de una economía humana

Desde que los hombres son lo que son, por naturaleza, y viven en sociedad, una economía muy humana debe ser social. Debe servir a todos los miembros de la sociedad. 

Una organización económica que permita el uso de bienes terrenales para proveer las necesidades de sólo algunos, dejando a los otros en la privación, no sería ciertamente social; y sería por consiguiente, inhumana.  

Si se destierran prácticamente algunos miembros de la sociedad de sus beneficios económicos, y es permitido, sólo de mala gana, lo que sea estrictamente necesario para impedirles rebelarse contra ella, siendo tratados más bien como enemigos que deben ser pacificados más que como sus miembros renombrados, el sistema económico no es humano, y además es monstruoso. Ésta es una sociedad económica de lobos.  

En la selva, en la lucha por la vida, el fuerte vive y el débil desaparece. Una ley tal es inadmisible entre las personas como seres inteligentes y sociales. Una lucha por la vida entre los seres humanos significa una lucha colectiva nada más que contra los enemigos comunes: Las bestias salvajes de los bosques, la ignorancia, los elementos adversos. Una economía muy humana debe ser basada en la vida cooperativa.

Por otro lado, los seres humanos, si son sociales, también son libres. Y si una economía humana debe asegurar la satisfacción de las necesidades esenciales de todos los hombres, debe hacerlo sin soslayar el libre florecimiento de las personas.  

La economía no debe ser violenta frente a la sociabilidad o frente a la libertad genuina. Una sociedad de hombres no es una manada. Una economía que pone las condiciones para el derecho a la vida en un reclutamiento, no es humana; va contra la naturaleza humana.  

Por tanto, en la opción de los medios para enderezar una economía desordenada, nosotros escogeremos los medios que respeten la libertad del hombre.

Jerarquía

Si el fin de la economía es un fin temporal, es por consiguiente también un fin social, que debe ser alcanzado socialmente. Para satisfacer las necesidades temporales de un hombre, deben satisfacerse las necesidades temporales de TODOS los hombres.  

Esto aplica a todos los niveles de jerarquía social, según las jurisdicciones respectivas.  

Si involucra a la familia, la economía doméstica debe buscar la satisfacción de las necesidades de todos los miembros de la familia.  

Pasando a la economía provincial, debe buscar, dentro de la jurisdicción provincial, la satisfacción de las necesidades temporales de los habitantes de toda la provincia.  

Igualmente con la economía federal, deben satisfacerse las necesidades humanas en lo que está dentro de la jurisdicción federal.  

Abarcando la economía mundial, es importante que haya algún organismo que sea unión entre las naciones, un organismo respetuoso de la autonomía de los partidos de los estados partes para orientar la economía mundial hacia la satisfacción de las necesidades temporales de todos los hombres. La tierra se creó para toda la humanidad.  

Pero una organización social buena recalca con seguridad que la satisfacción de las necesidades temporales de TODOS se efectúe tan completamente como sea posible dentro del círculo de niveles inferiores, en los organismos que tengan un contacto más inmediato con los individuos.  

Así que, para ayudar a los indigentes, en vez de sustituir a la familia, el Estado sería más sabio legislando y organizando el orden económico de tal manera que la propia familia pueda responder tan perfectamente como fuere posible, a todas las necesidades de los miembros que la integren.  

Así, en lugar de sustituir a la provincia, bajo el pretexto que las tesorerías provinciales están rotas y son incapaces de mantener las necesidades inmediatas, el Gobierno Federal proveería mucho más orden si las provincias tuvieran los medios financieros para conservar su riqueza real.  

Ésta es la filosofía del Crédito Social. Es, al mismo tiempo, verdaderamente más democrático.  

El Crédito social descentraliza el sistema financiero. La centralización, el mando Estatal, es la negación de democracia.  

El fin social y muy humano del organismo económico se resume en esta frase de Quadragesimo Anno:  

“Sólo el organismo económico y social se podrá establecer categóricamente y lograr su fin, cuando asegure para todos y cada uno aquéllos bienes que la salud y los recursos de la naturaleza, los logros técnicos, y la organización social de los asuntos económicos puedan dar.”  

 

TODOS y CADA UNO debe asegurarse con todos los bienes que la naturaleza e industria pueden proporcionar.  

El fin de economía es por consiguiente la satisfacción de las necesidades de TODOS los consumidores. El fin es el consumo; la producción es sólo un medio.  

Supeditar la economía a la producción es cojearla.  

Abastecer la satisfacción de las necesidades a sólo una porción de la sociedad, con almacenes pletóricos de bienes, es irrazonable e inhumano.  

Abandonar la economía para arriesgarse a fuerzas contradictorias, es capitular vergonzosamente, para entregar a las personas a los dientes del más fuerte.

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CRÉDITOS, BIENES Y NECESIDADES: Algunos Principios

Publicado por eliconoplasta en marzo 20, 2010

Nota del Posteador / Traductor: Continuamos con las entregas que por éste blog estamos haciendo del resultado de un esfuerzo llevado a cabo hace un año, en Febrero de 2009: Cuando, por un “buscado golpe de suerte”, en sus investigaciones web descubrimos (o debiera decir “descubrí”) un texto sobre un modelo alterno de economía que fue llevado a cabo en Canadá hace algún tiempo, y cuyas bases fueron practicadas en las épocas más prósperas del naciente proyecto nacional de los Estados Unidos. Tal texto, cuyo idioma original es el francés, fue titulado Sous le Signe de L´Abundance, entrando en circulación en Mayo de 1946 (teniendo luego, en 1996 una versión en inglés llamada The Age of Plenty); y sin contar con una versión en español, tan necesaria para las épocas que vivimos en nuestros países.

Por eso hace más de un año EL ICONOPLASTA realizó una traducción libre del inglés al español de la primera parte, que es la sección tratadística del libro (la segunda parte comprende un conjunto de ensayos de ampliación, que, de acuerdo con la demanda de éstas entregas, también podrá traducirse), agrupándola bajo el título Crédito Social, Bienes y Necesidades. Dentro de esta primera parte del libro total, su autor, Louis Even, describe cómo debe ser un circuito económico sano, y cómo puede fomentarse éste, basado a su vez en las ideas del ingeniero escocés Clifford Hugh Douglas sobre el crédito financiero social (CFS).

Aquí va el primer capítulo de nuestro esfuerzo:

 

El hombre es persona

El hombre es una persona. No simplemente un animal.  

Todas las personas viven en la sociedad. Mientras personas sean óptimas, a vida en la sociedad será óptima. La sociedad de ángeles es más perfecta que la sociedad humana. Como las tres Personas Divinas, ellos viven en una sociedad infinitamente íntima, aunque, sin mezclarse.  

Más aún, esta sociedad Divina se propone tripular como un modelo: “Que todos ellos sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en Tí (Juan 17:21.)”

Desde que los hombres son personas, ellos también viven en sociedad. Las asociaciones responden a una necesidad de la naturaleza humana.

El Hombre es social

La vida en la sociedad responde a la naturaleza del hombre por dos razones:  

1. Porque el ser humano es un universo, a imagen de Dios, y recibe del modelo de quien él es imagen, la tendencia a dar de él, a comunicar la riqueza que él posee;  

2. Porque él también es un universo de indigencia, en el mundo temporal así como en el mundo espiritual. El ser humano necesita que otros seres humanos salgan de su indigencia. Él necesita de otros físicamente para su concepción, nacimiento, crecimiento. Él necesita de otros, también, intelectualmente: ¿Qué nivel intelectual tendría un ser que nace ignorante sin una educación adquirida?  

Nosotros no hablaremos aquí de su indigencia espiritual, ni de la necesidad que él tiene por la sociedad llamada Iglesia.  

En nuestros estudios, nosotros nos restringiremos al orden temporal, aunque sin perder de vista la subordinación del orden temporal al orden espiritual, porque ambos, el temporal y el espiritual, son órdenes que le conciernen a ese mismo hombre, y porque el fin último de este hombre es preeminente a todos los fines intermediarios.

El bien común

Cualquier asociación existe para una meta. La meta de una asociación es un cierto bien común que varía de acuerdo con el tipo de asociación, pero siempre es el bienestar de todos y cada uno de los miembros en la asociación.  

Esto es precisamente por que el bien de todos y cada uno es el bien común. No es el particular bien de uno de sus miembros, ni de una sección, que se busca la asociación, sino el de todos y cada uno de sus miembros.  

Tres personas se unen para una empresa. Pedro contribuye con su poder del músculo; Juan, con su iniciativa y experiencia; Mateo, su capital de dinero. El bien común es el éxito de la empresa. Pero este éxito de la empresa no se busca sólo para el bien de Pedro, ni sólo para el bien de Juan, ni sólo para el bien de Mateo. Si se excluye a uno de los tres de los beneficios de la empresa, ese no se unirá.  

Los tres forman una asociación para lograr, para todos y cada uno de los tres, un resultado que cada uno de las tres quiere, pero al que ninguno de los tres realmente podría provenir solamente. El dinero por sí mismo no daría mucho a Mateo; los brazos por sí solos traerían muy poco a Pedro; la mente nada más no sería suficiente para Juan. Pero cuando los tres combinan sus recursos, la empresa tiene éxito, y cada uno se beneficia de él. Los tres no necesariamente se benefician al mismo grado, pero cada uno de los tres deriva más que si estuvieran solos.  

Cualquier asociación que frustre a sus socios, o una parte de sus socios, debilita su atadura. Los socios tienden a disociarse. Cuando, en una sociedad grande, las señales de descontento se pronuncian más, precisamente es porque un número cada vez mayor de socios se privan más y más de su porción del bien común. En algún tiempo, los legisladores, si eran sabios, buscaban y acogían los medios para hacer a todos y cada uno de los miembros, participantes del bien común. Tratar de disipar el descontento infligiendo castigos en sus víctimas es una manera muy inadecuada de hacerlas desaparecer.  

Además, desde que las asociaciones humanas están hechas de hombres, o de personas, o de seres libres e inteligentes, el bien común de estas asociaciones ciertamente ha sido el extender más la inteligencia y la libertad. De otra forma, no hay un bien común; no habría bien para todos y cada uno de los seres libres e inteligentes que componen la asociación.

Fines y medios

Uno debe distinguir entre los fines y medios, y sobre todo subordinar los medios al fin, y no el fin a los medios.  

El fin es la meta por señalar, el objetivo perseguido. Los medios son los procesos, los métodos, los actos empleados para lograr el fin.  

Yo quiero fabricar una mesa. Mi fin es la fabricación de la mesa. Yo consigo los tablones, yo mido, yo veo, yo planeo, yo ajusto, yo clavo la madera: Son muchos movimientos, acciones que son los medios para fabricar la mesa.  

Es el fin que yo tengo a la vista, la fabricación de la mesa que determina mis movimientos, el uso de herramientas, etc. El fin controla los medios. El fin existe primero en mi mente, aún cuando los medios tienen que ser puestos para trabajar antes de lograr este fin. El fin existe antes de los medios, pero se alcanza una vez que los medios se usan.  

Esto parece elemental. Pero ocurre a menudo, en el desarrollo de asuntos públicos, que uno equivoca los medios con el fin, todo queda bajo amenaza cuando el caos resulta. (Nota del Editor: Esto nos recuerda que el Papa dijo antes de la Asamblea General de los Naciones Unidas en Nueva York, el 2 de octubre de 1979: “Yo les pido, señoras y señores, excusarme por hablar de aspectos que son ciertamente autoevidentes para ustedes. Pero no me parece vano hablar de ellos, desde que la trampa más frecuente para las actividades humanas es la posibilidad de perder la visión, mientras las perfeccionamos, de las verdades más claras, de los principios más elementales”).

Otro ejemplo de este asunto sobre el cual volveremos, es el empleo. ¡Muchos legisladores consideran el trabajo como un fin de la producción, y son, por esto, guiados a demoler o paralizar todos los elementos salariales! Si ellos consideraran al trabajo como una forma de producción, ellos estarían satisfechos con aumentar la cantidad de trabajo necesario para lograr la suma de producción prevista.  

Igualmente, ¿No es el Gobierno un medio para facilitar, para las Provincias, y para la Nación, la persecución del bien común? ¿No está acaso la Nación para servir, según el bien común, a las personas que componen la asociación provinciana? ¿Sin embargo, en la práctica qué cree uno que sucede: Que el Gobierno existe para las personas, o las personas para el Gobierno?  

Uno podría decir la misma cosa sobre los sistemas. Los sistemas fueron inventados y establecidos para servir al hombre, no el hombre creado para servir a los sistemas. ¿Entonces si un sistema es dañoso a la masa de hombres, nosotros tenemos que permitir que la multitud sufra por el sistema, o alterar el sistema para que sirva a la multitud?  

Otra materia que será el asunto de un estudio largo en este volumen: ¿Desde que el dinero fue establecido para facilitar producción y distribución, uno tiene que limitar producción y distribución al dinero, o relacionar el dinero a la producción y distribución?  

Por consiguiente uno ve que el error de tomar los fines como los medios, los medios como los fines, o de subordinar los fines a los medios, es un error tonto, muy extendido, que causa mucho desorden.

Jerarquía de fines

El fin es por consiguiente el objetivo, la meta buscada. Pero hay fines remotos y fines más inmediatos; fines últimos y fines intermedios.  

Yo estoy en Montreal. Una compañía automotriz para la que yo trabajo me envía a China para establecer relaciones comerciales. Yo empiezo tomando el tren de Montreal a Vancouver. Allí, yo embarcaré en un transatlántico transoceánico que me llevará a Hong Kong, donde yo me valdré del transporte público para el resto de la gira.  

Cuando yo subo el tren a bordo en Montreal, es para ir a Vancouver. Ir a Vancouver no es el último fin de mi jornada, pero es el fin de mi jornada por el ferrocarril.  

Localizar Vancouver es por consiguiente un fin intermedio. Es sólo un medio dispuesto para el último fin de mi travesía. Pero, si es sólo un medio para un fin lejano, este se concibe, en cualquier caso, como un fin tan lejano como el viaje por tren. Pero si este fin intermedio no se lleva a cabo, el último fin – el establecimiento de relaciones comerciales en China – no se alcanzará.  

Los fines intermedios tienen un campo determinado. Yo no debo pedir al ferrocarril que me lleve a Hong Kong. Ni debo pedir al transatlántico transoceánico llevarme de Montreal a Vancouver.  

Además, yo debo enfocar todos los fines intermedios en el último fin. Si yo tomo el ferrocarril a la Ciudad de Québec, yo podré indudablemente llevar a cabo este fin especial a la perfección: Llegar a la Ciudad de Québec. Pero esto no me conducirá ciertamente a mi último fin: Establecer relaciones comerciales en China.  

Usted verá brevemente la razón para todas estas distinciones elementales. Ellos parecen muy simples en el caso presente: Un viaje de negocios a China. Uno a menudo se despreviene de ellas, y termina en un enredo cuando entra a tratar los fines de la economía.  

© Louis Even & Pélerins de Saint-Michel / Traducido por EL ICONOPLASTA (2009)

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UN SISTEMA ECONÓMICO ALTERNATIVO: EL CRÉDITO SOCIAL

Publicado por eliconoplasta en marzo 15, 2010

Nota del Posteador / Traductor: A partir de ésta entrega introductoria, EL ICONOPLASTA presenta a ustedes el resultado de un esfuerzo llevado a cabo hace un año, en Febrero de 2009: Cuando, por un “buscado golpe de suerte”, en sus investigaciones web descubrió (o debiera decir “descubrí”) un texto sobre un modelo alterno de economía que ya ha sido llevado a cabo en Canadá durante algún tiempo, y cuyas bases fueron practicadas en las épocas más prósperas del naciente proyecto nacional de los Estados Unidos. Tal texto, cuyo idioma original es el francés, fue titulado Sous le Signe de L´Abundance, entrando en circulación en Mayo de 1946 (luego tuvo, en 1996 una versión en inglés llamada The Age of Plenty), y no tenía una versión en español, tan necesaria para las épocas que vivimos en nuestros países.

Bien: Siendo así la situación, EL ICONOPLASTA realizó una traducción libre del inglés al español de la primera parte, que es la sección tratadística del libro (la segunda parte comprende un conjunto de ensayos de ampliación, que, de acuerdo con la demanda de éstas entregas, también podrá traducirse), agrupándola bajo el título Crédito Social, Bienes y Necesidades. Dentro de la primera parte del libro total, su autor, Louis Even, describe cómo debe ser un circuito económico sano, y cómo puede fomentarse éste, basado a su vez en las ideas del ingeniero escocés Clifford Hugh Douglas sobre el crédito financiero social (CFS).

La base de éste sistema es una “nueva” forma de ver las finanzas. y a continuación, presentamos nuestra entrega número “0″, la parte introductoria:  Leer el resto de esta entrada »

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