Los Mercados estaban nerviosos, inestables, dominados por la incertidumbre. La impredictibilidad de Economía, justificada por su fragilidad, no les era indiferente. Era una circunstancia que no podían controlar, y que generaba intranquilidad en ellos.
Economía, sin embargo, era considerada por todos; tratada con cuidado y mirada con respeto. Y en efecto, quienes la conocían más de cerca rechazaban enfáticamente el carácter díscolo y arisco que le atribuían; lo que en verdad sucedía es que Economía era sencillamente, inefable.
Precisamente sería ésta la razón por la que los Mercados terminarían esa misma noche en ascuas, pues Economía ya se hallaba regodeándose en libaciones junto al Capital.
(c) Carlos Espinosa Pulido, 2005